I.E.S. La Aldea

CUENTO: Lección de orgullo

  • Categoría: Cuentos
  • Publicado el Lunes, 15 Enero 2007 00:00
  • Escrito por Guanchinech
Los nervios, el temor a lo desconocido la revestían por completo. Era la primera vez que la anciana viajaba en avión y por mucho que le argumentaban lo seguro que era, consideraba antinatural que aquellos cacharros de metal pudiesen mantenerse en el cielo sin caerse. Pero su hijo que vivía tan lejos, se encontraba mal, y el deseo de estar a su lado superaba cualquier miedo.
 de la rutina, le exigieron que dejase la muleta y volviese a pasar. Con su pañuelo cubriendo el pelo blanco recogido en un moño, hizo de nuevo el recorrido, cojeando. Y otra vez se repiten los pitidos.
 
Llegó con tiempo a la terminal, porque apoyada se movía con lentitud y había que ser previsora. Con la ayuda de empleados de la compañía aérea, cumplió con el rito de facturar las escasas pertenencias y sacar la tarjeta de embarque. Sólo faltaba pasar el control de seguridad y le ayudarían a llegar hasta el avión.
 
Se sorprendió al ver tanta gente uniformada. No entendía aquél jaleo si no había sucedido nada que lo justificase. Aquello le recordó otras épocas que pensaba ya pasadas, cuando los uniformes estaban por todas partes y la sospecha permanente era la reina de las calles.
 
Se acercó a aquella especie de arco apoyándose en su muleta y el funcionario le dijo que pusiese el bolso y todas las pertenencias de metal sobre la mesa. Atravesó el detector de metales, que emitió una serie de pitidos.
 
- ¿Puede andar sin la muleta? – le preguntaron
- Es que me operaron hace poco de la cadera – contestó la anciana.
 
Fríamente, como si formase parte

Le pasan una cosa negra con luces por el cuerpo. La vergüenza es enorme con tanta gente mirando, pero se niega a bajar la mirada. Le piden que se quite el pañuelo y las orquillas que sostenían la nieve que le bajaba por su cabeza. Se escuchan algunas protestas de fondo, pero el funcionario argumenta que sólo está cumpliendo con su deber. El aparato sigue sonando, y entonces la anciana, intentando mantener el equilibrio, con el pelo suelto y una sonrisa despectiva en la cara empieza a hablar.


- ¿Ese cacharro suena con cualquier metal? – Pregunta -. - Entonces es posible que lo haga por esto:
 
Y, con un gesto de rabia, tira una moneda a los pies del agente. Era una de las antiguas pesetas con la efigie de Franco.

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