I.E.S. La Aldea

EL CHARCO DESBORDÓ LA ALEGRÍA FESTIVA DEL PUEBLO ALDEANO.

  • Categoría: Municipio
  • Publicado el Miércoles, 12 Septiembre 2007 00:00
  • Escrito por Cortesía Infonorte Digital
El fin de semana se vivió con intensidad en el municipio de La Aldea, con la celebración de los actos principales de sus fiestas patronales en honor a San Nicolás de Tolentino.

La Rama bailada el domingo y la romería ofrenda en el día principal de las fiestas, llenaron de alegría y diversión el municipio aldeano, con sus vecinos participando activamente de las fiestas.

A pesar del cansancio festivo, los aldeanos madrugaron este martes, para celebrar el acto más entrañable de las fiestas de San Nicolás, El Día del Charco, ya que ese día, las sábanas no se pegan y ni hace falta el despertador para cumplir con la cita festiva.

Desde primeras horas de la mañana, cientos de Aldeanos, muchos de ellos engalanados, portando las tradicionales cestas, instrumento eficaz para la posterior pesca de las lisas en El Charco, enfilaron rumbo a la playa, mostrando la alegría festiva de un pueblo que se reencuentra cada año con su tradición más ancestral.

En el cruce de la playa, poco a poco se fueron congregando, hombres, mujeres y niños, con la jiribilla bien metida en el cuerpo, esperando ese momento mágico en el que los acordes de la Banda de Música, marca el comienzo de un baile sentido con las emociones a flor de piel.

Hasta el muelle viejo, los aldeanos y aldeanas bailaron, alzando sus manos , como si con ese gesto, La Aldea, por un instante, se uniera en el azul intenso del cielo.

Un canto unánime de alegría y esperanza recorrió la hermosa playa de La Aldea, con un pueblo unido que abre sus brazos a los visitantes, compartiendo su tesoro más preciado, el de su tradición festiva.

Ya en el muelle, la música continuó en un baile de intercambio de sentimientos, que prende la llama de una vivencia única que se convierte en una experiencia vital que marca ya para siempre a los que participan por primera vez.

Mientras los jóvenes y no tan jóvenes seguían meneando el cuerpo al ritmo de los sones de El Charco, en el parque Rubén Díaz, las mujeres aldeanas, habilitaban el espacio escogido para el posterior almuerzo familiar.

El olor de las cenizas de las barbacoas, la ensaladilla rusa bien resguardada del calor, las neveras repletas de los líquidos destinados a calmar la sed y avivar el corazón festivo de los aldeanos, fueron reclamando a los miembros de cada familia, para sentarse a la mesa festiva que muestra cada año la verdadera esencia del pueblo aldeano.

Murmullos de conversaciones, ecos de risas, el sonar de los timples y guitarras acompañando a las voces aldeanas entregadas por completo a la fiesta, plasmaban el sonido auténtico de un día grande que tiene como único dueño al Pueblo humilde y trabajador de La Aldea de San Nicolás.

El pasear entre los árboles del parque, descubría un paisaje de incalculable hermosura humana, con esa valiosa estampa de las familias reunidas, y la amabilidad de unas gentes invitando a brindar por la fiesta.

¿Qué quieren beber?, muchacha saca la paella y la ensaladilla que esta gente seguro que no ha comido. ¿Desde cuando están aquí que no los hemos visto? Siéntense y descanse antes del Charco ,que lo mejor está por venir.

Conversaciones como estas se oían por todo el parque, haciendo posible que el visitante se sintiese amigo, y ¿por qué no?, hermano.

Según iban avanzando las primeras horas de la tarde, el pueblo aldeano lanzó su suspiro anual de ansiedad festiva y comenzaron los preparativos del momento más esperado de las fiestas, pues ya el reloj estaba cerca de marcar la hora mágica de las cinco de la tarde y el volador sonaría presto y contundente sobre el Charco.

Y como todo llega en esta vida, llegó también el momento de El Charco, en el que La Aldea se desviste para mostrarse tal y como es, un pueblo fuerte, emprendedor que no teme al futuro, porque con sus manos llenas de callos, labra el camino diario del progreso, respetando y manteniendo sus tradiciones.

Tirarse a El Charco, es una especie de bautismo anual, en el que unos renuevan sus votos como parte de un pueblo, y otros experimentan por primera vez, la bendición de unas aguas que renuevan las fuerzas para seguir adelante.

La Aldea cumplió un año más su cita con El Charco, con un jolgorio festivo que hace latir el corazón con especial intensidad y que al menos, una vez en la vida, merece la pena experimentar.

Después del Charco, la tarde se relantizó en la playa de La Aldea, como si el tiempo no quisiera caminar para que los vecinos siguieran disfrutando de la fiesta, y cuando por fin llegó la noche y el momento de la despedida, desde la carretera que lleva al casco, las voces seguían entonando el “ Soy aldeano señor”, mostrado el orgullo de un pueblo, el orgullo y la sencillez del pueblo aldeano.

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