I.E.S. La Aldea

EL ABRAZO MÁS HÚMEDO DE LA ALDEA.

  • Categoría: Municipio
  • Publicado el Viernes, 12 Septiembre 2008 00:00
  • Escrito por Cortesía Infonorte Digital.

 Disponible una amplia Galería Fotográfica en enlace adjunto.

Y por fin llegó el once de septiembre, cubriendo a La Aldea de San Nicolás, con aromas a tradición festiva.

La trilogía de las Fiestas patronales del municipio, se cumplió puntualmente, con un martes de Rama, un miércoles de Romería y un Jueves de Charco, que desató la alegría de un pueblo que vive con el corazón su tradición más querida.

A las doce de la mañana, a la entrada del Puerto aldeano, se alzaron un año más, las cestas, guitarras y timples al cielo, en peculiar rogativa de los hombres y mujeres de La Aldea, que hicieron a un lado el cansancio acumulado de tantos días de Fiesta, para lanzarse de lleno a una mañana de baile imparable, que arrastró al gentío hasta el muelle.

La bella estampa de las manos tocando el cielo, con los rostros emocionados y los cuerpos en plena explosión de vida, se hizo presente un año más, mostrando el alma de un pueblo que tiene en cada once de septiembre, su cita anual más esperada.

Se bailó de lo lindo, en un frenesí de movimientos que no deja a nadie impasible. Entre pizcos de ron y helada cerveza, se bailó durante horas y La Aldea estrechó sus lazos de amistad con la isla entera, recibiendo a los visitantes que sienten también suya esta fiesta.

El calido sol de septiembre acompañó el reencuentro de los viejos amigos y propició el nacimiento de nuevas amistades que tendrán ya para siempre, la cita fijada en el calendario, cada año, un once de septiembre.

Después de un refrescante remojón en las frescas aguas del puerto, para aliviar el exceso del baile, el Parque Rubén Díaz, acogió a las familias aldeanas para compartir un almuerzo preparado con esmero.

Así, se extendieron las mantas, se prepararon sillas y mesas, y se disfrutó de la familia en torno a la ensaladilla rusa y la paella.

Se formaron las parrandas y cantaron las guitarras acompañando las profundas voces aldeanas, a la sombra del parque, amenizando una espera festiva, con idas y venidas de jóvenes y no tan jóvenes, con la jiribilla metida en el cuerpo.

Pasó la Banda, anunciando que llegaba el momento, y La Aldea entera se movió hasta la raya, con los ojos ansiosos y los oídos atentos, para no perderse la salida del volador.

A las cinco de la tarde, sonó rotundo el volador, y la marea humana se tiró al Charco, cumpliendo la tradición, renovando con fuerza el espíritu festivo de un pueblo.

Hubo quien se tiró por primera vez. Hubo quien fue preparado para que este año no se escaparan las huidizas lizas. Hubo quien se despistó y terminó con sus huesos en el Charco y hubo una alegría colectiva desbordante que empapa el corazón, haciéndolo latir con intensidad.

La Aldea dio este jueves, su abrazo más húmedo, envolviendo amorosamente, a todo aquel que quiso compartir con autenticidad, una fiesta única, con sabor a mar y olor a tradición.

Cuando caía la noche y llegó el momento de la vuelta a casa, el corazón se quedó en el Charco y allí permanecerá, hasta que llegue un nuevo once de septiembre embriagado de fiesta.

332 FOTOGRAFÍAS DEL CHARCO EN ESTE ENLACE.

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