I.E.S. La Aldea

LA PALABRA DESAPARECIDA. Cuento

  • Categoría: Educativas
  • Publicado el Martes, 24 Enero 2006 00:00
  • Escrito por Guanchinech
Como todos los días lectivos, poco a poco, a medida que los relojes iban acercándose a marcar las nueve de la mañana, los alumnos y profesores de aquél colegio de primaria de un pequeño pueblo de nuestro país, semejante a muchos otros, se incorporaban a sus clases inmersos en la rutina del día a día.
 
Los pasillos y las aulas parecía que cobraban vida propia cuando eran ocupados por unos y otros, pero nada daba a entender que la jornada que se avecinaba sería muy diferente a tantas otras anteriores.

Nadie se había preparado para lo que les tenía reservado el destino. ¿Cómo imaginar que serían los primeros testigos de algo que cambiaría la vida de innumerables personas? ¿que estaban destinados a iniciar un acontecimiento que pasaría a ser histórico...?

 Todo comenzó en sexto curso. El profesor de lengua estaba algo enfadado por la cantidad de faltas de ortografía de los alumnos en el último examen, por lo que había decidido destinar unos minutos de cada día a que buscaran el significado de algunas palabras en los diccionarios : “ ¡ A ver si ampliamos el vocabulario!”, había dicho.
 
Ya se habían encontrado un par de palabras, cuando a una niña rubia de la segunda fila le tocó buscar la palabra “PAZ”. Un poco nerviosa (cosa muy natural porque iba a ser la primera vez que hablaría en voz alta para todos los compañeros), pasó y pasó páginas, sin que hubiera manera de encontrar lo que buscaba.
 
Transcurrían los minutos y, como el profesor se impacientaba, intentó echarle una mano, pero ni con su ayuda apareció la palabra. Al principio todos pensaron que el volumen que manejaban tenía algún desperfecto, pero fueron usando los demás diccionarios y, para su sorpresa, en todos ocurría igual:  ¡No estaba en ninguno!
 
Pero eso no era lo más raro, sino que el espacio donde se suponía que tenía que estar, se encontraba en blanco: ¡Estaban los huecos destinados a esa palabra, pero ésta no aparecía!
 
El maestro, sin salir de su asombro, recordó que había en la biblioteca un ejemplar del “Diccionario de María Moliner”. Hasta allí fueron todos corriendo. Con el ruido que hicieron, se fue incorporando la gente de las otras clases, intrigados por lo que ocurría, por lo que cuando el maestro de lengua abrió el tomo correspondiente a la letra “P”, prácticamente todo el colegio estaba expectante para ver lo que sucedía. Y allí estaba el hueco. Un trocito en blanco, como si la palabra paz y su significado, hubieran desaparecido.
 
El director, gritó, preso de excitación que había que intentar encontrar un diccionario on line, en Internet (era un fanático de la informática). Puso manos a la obra, pero en todos los que encontró no variaron los resultados....¿Qué hacer? Todos discutían el siguiente paso a dar, hasta que alguien gritó que había que llamar a la radio. Al principio, la telefonista que recogió la llamada, pensó que era una broma, pero cuando se dio cuenta que el que le hablaba era el director del colegio, decidió comentarlo con la redacción de los informativos.
 
A partir de ahí, la noticia corrió como un reguero de pólvora. ¡Hasta salió en los telediarios del mediodía!. Era la “noticia bomba” del día, si se puede denominar así a una noticia que tenía que ver con la palabra “paz”. Pero estaba confirmado: No figuraba ya en ningún diccionario. Como si de algo mágico se tratara, había desaparecido de la faz de los libros que recogen el vocabulario humano. Y esto se repetía de un país, de un idioma a otro.
 
En un par de días, no se hablaba de otra cosa. No podías encender la radio o la televisión sin ver u oir a gente debatiendo sobre el tema. Los periódicos sacaban ediciones especiales...Intelectuales, políticos, religiosos, visionarios...hasta los echadores del tarot, daban su opinión.
 
Pero fue un mensaje anónimo que comenzó desde no se sabe dónde a circular por Internet, el que puso el dedo en la llaga:
 
-“¿Para qué una palabra, a la que se había vaciado de contenido?”
 
Y así era. Las palabras, en cierta manera, son seres vivos: Nacen, viven, se reproducen y... mueren. Y a lo largo de nuestra (muchas veces) triste historia como habitantes de este planeta, nunca hemos dado pleno contenido al significado de la palabra PAZ. La que siempre ha estado muy viva es su contraria: Guerra a la tribu vecina, al país de al lado, al del otro extremo del mundo... y guerra al vecino de casa, al diferente a nosotros, incluso a la persona que una vez hemos amado.
 
La palabra paz simplemente se había extinguido sin que nosotros nos diéramos cuenta.
 
Una especie de terremoto gigantesco sacudió al planeta. Fue un movimiento espontáneo que nadie podía controlar. La gente salía a la calle abrazándose gritando la palabra moribunda. Era una especie en extinción que todos querían salvar. Una minoría propuso crear otra palabra que la sustituyera, pero nada pudo hacer ante la marea de personas de todo tipo y condición que voceaba que no dejarían desaparecer la palabra más hermosa que el ser humano había inventado...No fue fácil. Las barreras levantadas por siglos de historia fueron difíciles de abatir, pero poco a poco, un día en un sitio, otro día en otro, los diccionarios iban llenando ese hueco que les había quedado libre...
 
...Han pasado unos meses. Otro día de clases en el colegio de aquel pueblecito donde comenzó nuestra historia.
 
La clase de sexto busca palabras en el diccionario. La toca a la niña rubia de la segunda fila...Lee la que le ha tocado:
 
PAZ: Situación y relación mutua de quienes no están en guerra. Estado psíquico de tranquilidad y sosiego. Tranquilidad pública, en contraposición al estado de guerra. Afabilidad de unos con otros.

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