I.E.S. La Aldea



El Pleito de La Aldea (siglos XVII-XVIII)

 
Al finalizar el siglo XVIII unas 200 familias venían cultivando al partido de medias perpetuas, la zona fértil del valle, dentro de los límites del  mayorazgo de los marqueses de Villanueva del Prado, la llamada luego como Hacienda Aldea de San Nicolás, donde había crecido el pueblo. Fue un largo y tumultuoso litigio contra el dominio directo o eminente de esta casa nobiliaria sobre dicho fundo que alcanzaba, a finales del siglo XVIII, las 1.950 ha, cuyos orígenes se remontan al primer tercio del siglo XVII. Pero  la causa remota arranca desde los primeros años de la colonización cuando las tierras y aguas del valle fueron repartidas a diversos conquistadores y colonos mientras el resto del territorio que conforma el actual municipio pertenecía a la Corona. Vamos a repasar de nuevo esta historia:
 
A finales del siglo  XVI, tras complicadas transmisiones de dominio, la zona más fértil del valle, el primitivo heredamiento de los Lugo, es adquirida por diversas compras la familia Grimón, causantes de la casa de Nava-Grimón, marqueses de Villanueva del Prado.
Esta casa lagunera optó por la roturación y puesta en cultivo de su extenso fundo mediante el sistema de medias perpetuas o aparcería perpetua, régimen de tenencia de parecidas características al censo enfitéutico y con una política de progresiva ampliación sobre terrenos realengos.
 
Los colonos quedaban en posesión del dominio útil de la tierra a cambio de la entrega de la mitad de la cosecha al propietario del dominio eminente o directo; además, corrían con todos los costes del cultivo, aportando la Casa el agua y los casos de siembra en secano las simientes. Las mitad de la producción era recogida por un arrendatario general que anualmente satisfacía una renta global a la Casa, casi siempre en especies, a la Casa; en otros momentos el marqués colocaba en su hacienda a un mayordomo encargado de administrarla directamente, quien recogía de los colonos la mitad de la producción, además de lo generado en los terrenos de pleno dominio de la Casa. Una y otra producción la comercializaba el marqués en el mercado de Tenerife, enviándose algunos excedentes a Indias.

La raíz del conflicto agrario marqués-aldeanos residió en la carencia por parte de aquél de datas originales, es decir, de los documentos de posesión otorgados en los repartimientos, junto con la ausencia de detallados deslindes en las posteriores traslaciones de dominio así como por la acción usurpadora sobre bienes realengos anexos que agrandó el mayorazgo.

La Casa Nava-Grimón aducira en su defensa que tales datas fueron destruidas en el incendio del archivo municipal por el holandés Van des Does en 1599, así como la posesión inmemorial del fundo, argumento éste utilizado en todos los conflictos entre señores y campesinos que cuestionaban los títulos de propiedad.

Por su parte, los aldeanos a través del común premunicipal, exigirá durante toda su lucha la presentación de las datas originales. Sus dirigentes, una minoría de grandes medianeros, dueños del dominio útil de las mejores tierras de la Hacienda y de las usurpadas al patrimonio realengo fuera del mayorazgo eran también administradores de rentas reales y del clero --entre ellas, del diezmo-- y ejercían la autoridad militar, comunitaria, eclesiástica e incluso económica, pues la comunidad campesina más empobrecida dependía de su bolsa o de sus préstamos, sobre todo en los años de malas cosechas.

El conflicto fuerte se inicia en el primer tercio del siglo XVII pero su llama sólo se avivaba cuando las circunstancias políticas, apoyadas en un ciclo de bonanza económica, presagiaban una solución favorable a la causa campesina. Así, durante la Ilustración se da un fuerte estallido (1779-1808), cuando la administración real planteó --aunque con absoluta timidez--, una reforma del régimen señorial.

                                                  

El enfoque ilustrado llegó a La Aldea de San Nicolás por medio de su representante en la Sociedad Económica de Amigos del País de Las Palmas, Manuel Araujo y Lomba, emigrante gallego y miembro destado de una burguesía rural enriquecida gracias al incremento de los precios agrarios en el mercado interior. Los aldeanos plantearon ante el Consejo de Castilla las elevadas rentas exigidas sin justo título por la Casa de Nava-Grimón, y solicitaron además la propiedad de las tierras realengas roturadas por ellos fuera del mayorazgo; únicamente esta solicitud fue aceptada. Pero el pleito no acaba aquí y brotará nuevamente en otras etapas hasta la intervención del Estado en 1927.

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