I.E.S. La Aldea

El Municipio

  • Categoría: General
  • Publicado el Martes, 20 Septiembre 2005 00:00
  • Escrito por Francisco Suárez Moreno


El tomate cambia la historia (principios del siglo XX)
           
En el ultimo bienio del siglo XIX,  el comerciante y cónsul alemán  afincadoenSanta Cruz de Tenerife, Ernesto Carlos Jaack, arrienda a los nuevos propietarios la Hacienda Aldea de San Nicolás e introduce por primera vez el cultivo del tomate para la exportación a través del puerto que allí construye, con lo que se inicia un largo período de comunicaciones periódicas e intensivas por mar dada la falta de carreteras. Los colonos participan de la innovación al reconocerles éste sus posesiones.

El tomate revaloriza la tierra, introduce el abonado artificial, modifica las estructuras de regadío y las propias relaciones sociales. Cuando por quiebra económica del alemán, en 1904, los Peréz Galdós asumen de nuevo la administración de la propiedad, renace una conflictividad social que en 1912 se traduce en una insoburdinación generalizada de los colonos, cuando optan por negar la entrega de la renta a los propietarios y comercializar la producción tomatera en los almacenes de empaquetado de Fyffes, Mr. Dum, Castillo y otros.

La tensión aumenta en los años de la Primera Guerra Mundial, y en 1916 la terratenencia opta por consolidar su posesión enajenando una parte del fundo a un reducido  grupo de colonos, en la parte que venía cultivando. A pesar de la conflictividad social latente la economía aldeana, como ocurrió en el resto del Archipiélago, comenzó a acelerar el proceso de modernización de su estructura productiva, en la primera década del siglo XX. Se incorporan nuevos espacios al cultivo del tomate, lo cual exige un incremento de los recursos hidráulicos mediante la perforación de pozos e instalación de maquinaria para su elevación --máquinas de vapor, norias, motores de combustión y aeromotores.

Y, como en anteriores etapas del ya centenario pleito socioagrario, una activa burguesía rural, dirigida por líderes locales, encabezados por el alcalde Salvador Araujo Ramírez acometió con fuerza la solución definitiva del problema agrario, apoyada por sectores progresistas, conservadores reformistas y hasta por cierto sector del clero. Entre 1923 y 1927, tras el traspaso de los derechos de propiedad de los Pérez Galdos a un consorcio de cuatro propietarios, la conflitividad se acentuó. Se produjeron fuertes alteraciones del orden público, con la permanente presencia de un destacamento de la Guardia Civil. Esta fuerza coadyuvó a la ejecución de los lanzamientos de la tierra de los colonos, acciones promovidas por los nuevos propietarios ante los tribunales de Justica. Las fincas ocupadas fueron aradas y sembradas de grano por los propietarios. Todo ello precedido de una fuerte represión y detenciones continuas de colonos, lo que paralizó la producción tomatera de 1926-1927.

14 de febrero de 1927. El Ministro de Gracía y Justicia Galo Ponte y Escartín,  desembarca en el puerto de La Aldea para resolver el tres veces centenario Pleito de La Aldea

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