I.E.S. La Aldea

UN POCO DE CIENCIA-FICCIÓN

  • Publicado el Miércoles, 12 Septiembre 2007 00:00
  • Escrito por Guanchinech
Me gustaba dar largos paseos aprovechando el frescor de la tarde. Caminaba ensimismado, siempre paralelo a la orilla del mar, y enfrascado en mis pensamientos. Después me sentaba en mi roca favorita, esperando el espectáculo gratuito que la madre naturaleza nos ofrecía en forma de encendidas puestas de sol. Aquella vez, me entretuve imaginando cómo sería el hombre del futuro, meditando sobre sus diferencias con los que seremos sus antepasados remotos.

Seguro que serán muchas. Posiblemente tendrá bastantes más certezas, porque las preguntas que ahora nos parecen eternas llegará el momento en que dejarán de tener sentido. Quizás lo de vivir en pareja ya le parecerá un anacronismo, porque el amor podrá estar libre al fin de las rejas de los celos y las normas morales impuestas por la religión. Me parece difícil siendo como somos, pero puede que no conozca guerras ni enfermedades. Acaso exista una ONU interplanetaria, porque las fronteras se referirán a planetas, no a países. No vestirá como nosotros, ni comerá los mismos alimentos. La humanidad habrá olvidado el concepto de raza al haber entrado en contacto con otras especies inteligentes que pueblan el cosmos.

Lo que me planteó algunas dudas, es si se habrá podido liberar del yugo de los bancos. Seguro que no. Los usureros existieron siempre, y tienen una capacidad innata para amoldarse a los nuevos tiempos. Algo nuevo habrían inventado para seguir castigándonos con la tortura de las hipotecas: La familiar, por ejemplo -como las pizzas-, que la habrán transformada de alguna manera para que sea  heredada de padres a hijos, de hijos a nietos y así durante generaciones... Por fin la eternidad tendrá sentido en economía.

¿Y los dioses? ¿Seguirán existiendo, o la humanidad los habrá jubilado? Espero que por su bien, al menos los hayamos liberado del yugo de las religiones, que los esclavizan tanto a ellos como a los propios humanos.

Al final me di cuenta de que el futuro que nos aventuramos a imaginar, es una proyección de nuestros deseos y temores. Esa siempre ha sido la baza que ha jugado a su favor la ciencia ficción para hacer sus historias tan atrayentes...

Traje de nuevo mis pensamientos a la realidad. El sol se despedía sobre el horizonte y merecía todas las atenciones. Pero tuve una última imagen de ese hombre del futuro contemplando los dos soles que alumbrarán y darán calor a su mundo, situado en algún remoto rincón del universo. Igual de difícil le sería imaginar cómo habría sido la vida de sus lejanos antepasados, en aquél planeta donde se produjo el nacimiento de la raza humana al que llamaron Tierra. Se asombraría de lo que cuenta la historia: Sería un enigma la razón de que hubiéramos podido salir adelante y logrado redimirnos de lo que una vez fuimos... De lo que ahora mismo somos.

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