I.E.S. La Aldea

A DON FRANCISCO SUÁREZ MORENO, EN SU JUBILACIÓN (25 de JUNIO 2009)

  • Publicado el Viernes, 26 Junio 2009 00:00
  • Escrito por Antonio Rodríguez Martín.

Entrañable SISO:

Hoy, cuando de manera oficial inicias el camino de la jubilación (recuerda que es palabra que significa alegría), me viene a la memoria el comentario que mantenía hace bien poco con unos compañeros rememorando aquellos primeros días de mi llegada al C.P. “SAN NICOLÁS DE TOLENTINO”, hoy CEIP “LA LADERA”. Reconocía, con ellos, que la adscripción a este Centro había supuesto en mí cambios muy importantes que influyeron, significativa y gratamente, en el resto de mi vida como docente.

Mirando hacia atrás, sin ira, por supuesto, me embarga la emoción al constatar cómo los años, el roce, la madurez y la vida misma atemperaron nuestras almas transformando en fina arena los cantos rodados de las corrientes más bravías. ¡Quién te iba a decir entonces, amigo Siso, que yo iba a ser uno de los más decididos defensores de tu incuestionable valía! ¡Y es que las vivencias que juntos hemos compartido en estos años se han encargado de emparejar bajo el mismo yugo las lógicas diferencias personales, para acabar, hoy, reconociendo y aplaudiendo con entusiasmo, la profunda huella que tu buen hacer profesional e indiscutible bonhomía han dejado para siempre en nuestros corazones.

Recuerdo, Siso, que, al tomar posesión de mi plaza, me llamara poderosamente la atención el que la joven Plantilla del Centro, la más estable que yo recuerde, se esforzara, ¡y de qué manera!, en abanderar, involucrándose al máximo, la puesta en marcha de un sin igual proceso de transformación de estructuras educativas tan de vanguardia que convulsionaba los, hasta ahora, en boga sólidos cimientos de la educación. Es decir, me cupo el honor de asistir y participar, como un miembro más del Claustro de Profesores, a un proceso de renovación pedagógica sin precedentes en el que se gestaban, programaban y experienciaban proyectos educativos totalmente innovadores, estables, y dinamizadores, y que suponían un giro de 180º a lo hasta ahora visto y vivido en La Aldea. Sí: ¡Me sentí en parte protagonista de los aires de modernidad que en el Centro se respiraban!

Tenía curiosidad, recuerdo, por saber quién o quienes podrían estar detrás de aquella novedosa transformación de la enseñanza. Sabía de antemano que el Claustro de Profesores lo componía, a la sazón, un plantel de jóvenes valores, la mayor parte procedentes de las primeras hornadas del Colegio Libre Adoptado de La Aldea, que daba coherencia y razón de ser a los proyectos didácticos de referencia, imprimiéndoles un sello característico, identificatorio, al Centro Docente. Estaba convencido, además, de que la denominación oficial que, en aquel entonces, acertada y orgullosamente, ostentaba éste, C.P. "SAN NICOLÁS DE TOLENTINO", y que se correspondía con el nombre del propio Municipio, estaba en consonancia (¡es una estimación muy personal!), con la "época dorada", con la de "mayor esplendor" del mismo, siendo el centro de referencia (la Universidad, ¿lo recuerdas?), dentro y fuera de La Aldea, y sin que ello implique subestima alguna a otras denominaciones y Claustros posteriores, ni a otros Centros Docentes del Municipio.

Recordarás también que, con anterioridad a mi toma de posesión en La Aldea, ya conocía a algunos de los miembros del Claustro, por razones de amistad, de referencia o de simple trato; a otros, en cambio, entre ellos tú, los descubría por vez primera en aquel entonces. Pero... ¡la pregunta seguía en el aire! ¿Quién, o quiénes, estaban detrás del milagro que se operaba ante mis ojos?

El discurrir de los días de aquel Curso 1979/80 se encargó de revelarme la respuesta. De entre los protagonistas del cambio, una "cara nueva" pronto reclamó mi atención. No sé si por intuición, por observación directa, por alusiones constantes de los demás, la verdad es que, día a día, esa "cara nueva", esa persona, se fue cargando de contenido, como los discos duros de los PC, mi asignatura pendiente. Efectivamente, presentaba un perfil más definido, maduro, serio e interesante. Era notoria su personalidad y aceptada, sin más, su natural condición de líder entre buena parte de los compañeros. Adivinaba en él, (el descubrimiento y la certeza llegarían más tarde), unas cualidades innatas que le hacían distinguirse entre los demás y que corrían parejas, como tuve ocasión de comprobar hasta la saciedad, con el elevado nivel de exigencia para consigo mismo.

Recuerdo a esa persona, Siso, como si la estuviera viendo en estos momentos (¡que la estoy viendo!): Por su forma de ser, rigurosa y seria; por el ardor con que manifestaba sus postulados; por el aplomo que imprimía a sus propuestas; por la convicción que transmitía a sus acciones, estaba persuadido de que aquel compañero, desconocido para mí hasta entonces, tenía las ideas muy claras, se mostraba totalmente convencido de lo que proponía, se le veía del todo resuelto a experimentar nuevas estrategias en orden a conseguir un cambio educativo más acorde con los nuevos tiempos, y, sobre todo, arrastraba con su palabra y mucho, mucho más con su tenacidad y ejemplo. ¿Te digo ya quién era, y es, esa persona?

Pues sí. Su nombre es DON FRANCISCO SUÁREZ MORENO, don SISO como coloquialmente se te conoce, SISO para mí, pues a ti me refiero. Un SISO que tenía, y tiene, la planta de un pura sangre, de un miura, siempre dispuesto a medirse, a hacer frente a todos los contratiempos; en cualquier terreno y en el momento que se tercie; sin amilanarse jamás por nada; luchando, sin tregua, con la bravura que a su condición se le supone, y sin hacer jamás alarde de ello, con tal de llevar a feliz término las metas que para el ejercicio de su Profesión y para el bien de su amado pueblo, de su muy querido pueblo, desde un principio se trazara.

Con el tiempo y la complicidad que dan el trato y la convivencia frecuentes, pude percatarme, amigo Siso, de tu esfuerzo, de tu empuje, de tu tenacidad en la consecución de las metas pretendidas. Y descubrí el amplio abanico de posibilidades que atesoras, expresadas en las más variadas manifestaciones del saber, de la cultura, del arte, de la comunicación en todas sus facetas; escrita, radiofónica, televisiva... así como de tu inagotable fortaleza, carisma, preparación y capacidad para poner al servicio de la enseñanza todos estos atributos como un recurso didáctico más, con la impronta de tu más que reconocido magisterio, fuera y dentro del aula, en La Aldea y fuera de ella.

Sí: El tiempo y los contratiempos, los hechos y las palabras, los prodigios y las limitaciones, la altura de miras y la humildad en ti innata, la hidalguía y la sencillez, se encargaron de ir definiendo en toda su grandeza la personalidad extraordinaria, la calidad humana contrastada y la enorme valía profesional de que estás dotado, Siso.

Tal vez mi inexperiencia, o mi inmadurez, o mi torpeza de entonces, o todo ello junto, retrasaran el lógico descubrimiento del extraordinario MAESTRO, con mayúsculas, que hoy veo ante mí. Posiblemente, la fogosidad de los años jóvenes me impidiera ver en aquellos comienzos al COMPAÑERO que fuiste y eres: solícito, tolerante, entregado, cumplidor, dialogante y siempre dispuesto a la ayuda. Es más: Acaso, llevado de mi temperamental carácter, no ayudara gran cosa a facilitar el despegue, obligado y merecido, del hombre, del profesional que hoy es PATRIMONIO de todo el pueblo de La Aldea; del MAESTRO que todos hemos conocido y hoy homenajeamos, y que, como dijera alguien aquí presente, hemos tenido el lujo y la suerte de poder compartir en nuestra andadura profesional; del AMIGO, diligente, atento, confidencial, paño de lágrimas de tantos, siempre a la altura y a la mano de cualquier necesidad, y dispuesto a compartir, si no a ceder, el protagonismo con los demás.

¿Sabes? No te puedes imaginar la alegría que siento al pergeñar estas líneas, pues soy consciente de lo que tú representas para nosotros, para La Aldea: toda una INSTITUCIÓN difícilmente repetible. A partir de hoy, habrá, te guste o no, un "antes" y un "después" de ti, Siso.

Claro que también tienes tus... ¡fallos!, ¡faltaría más! Conozco tus "prontos", tu "genio", tus "arranques", tus "descargas emocionales, como cualquier hijo de vecino. Eso sí, bien dominados ya, o bien disimulados con la experiencia que da los años. Y es que, si así no fuera, hoy, en vez de jubilarte nos veríamos en la obligación de iniciar tu proceso de canonización. ¡Y eso se me antoja demasiado! Y... de tus ¿olvidos?, de tus ¿despistes?... ¡mejor corramos un tupido velo!

Las otras facetas de tu vida particular, la de hijo, esposo y padre son de sobra conocidas y no necesitan de mi palabra. Si acaso, recordar que "detrás (o delante) de un gran hombre se esconde siempre una gran mujer". En tu caso, amigo Siso, eres afortunado por partida doble: por tener a tu madre junto a ti, a la que adoras y te quiere con locura, y por María Isabel, tu esposa, siempre acercándote el preciado testigo, en oblación constante, para que llegues victorioso a la meta. Y, como "de tal palo, tal astilla", Amanhuí, tu hijo, será tu relevo en el futuro, ¡casta no le falta!, lo sé de buena tinta; y por haber nacido, vivido y asistido a la mejor Universidad del Mundo: Tu propia casa.

¡Chapeau!, Siso. ¡¡Lo has conseguido!! Un abrazo y que disfrutes de la más que merecida jubilación.

En La Aldea de S. Nicolás, a veinticinco de Junio de 2009

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